They Thirst 
Robert McCammon (1981)

Torres de vidrio, autopistas sin fin, suburbios que se extienden como un sueño sin dirección. En They Thirst, Robert McCammon convierte a Los Ángeles en el escenario de una caza monumental, pero también en la víctima más adecuada para un horror que ya estaba ahí, incluso antes de que llegaran los vampiros. Porque el verdadero mérito de esta novela no está en lo sobrenatural —aunque lo haya, y en abundancia—, sino en su capacidad para hacernos sentir que el colapso no es una invasión, sino un desenlace lógico.

Los vampiros de McCammon no son refinados ni atormentados. No están hechos para la poesía, sino para la conquista. No susurran: devoran. No piden entrada: la toman. Y sin embargo, lo que impresiona no es su violencia, sino la facilidad con la que encuentran su lugar. Como si la ciudad, tan orgullosa de su tamaño y de su brillo, hubiese estado esperando desde siempre una oscuridad a la altura de su desorden. Una amenaza que estuviera a la escala de su ambición.

El protagonista, un policía atormentado —como exige la tradición—, intenta resistirse, contener la marea. Pero la lucha es desigual desde el inicio, porque los monstruos no vienen solos: traen consigo el miedo, el caos, la sospecha. McCammon despliega una narrativa coral, casi cinematográfica, en la que cada personaje parece descubrir, a su modo, que la civilización era más frágil de lo que creía. Y lo que los vampiros hacen, en el fondo, es acelerar un proceso que ya había comenzado.

Se trata, en cierto sentido, de una novela sobre la caída. Pero no una caída espectacular, sino de esas que ocurren en etapas: primero se va la electricidad, luego el orden, luego la cordura. Y mientras tanto, el lector asiste a la transformación de la ciudad en un ecosistema nuevo, donde la noche es soberana y donde la humanidad —la palabra más grande que conocemos— se reduce a un susurro.

They Thirst no oculta sus influencias —el cine de terror, Stephen King, el apocalipsis urbano—, pero las organiza con inteligencia y furia. Y cuando se cierra el libro, no queda una imagen gótica, sino una advertencia contemporánea: no necesitamos monstruos míticos para caer. Basta con seguir construyendo hacia arriba, sin mirar lo que se desmorona debajo.

Vampiros en el Arte

Henry Fuseli 
The Nightmare 

Fuseli pintó esta escena como si hubiera visto en la imaginación lo que aún no se decía en voz alta: que el miedo no venía sólo de fuera, sino de dentro ...

William-Adolphe Bouguereau  
Dante y Virgilio

El cuadro representa a los condenados que Dante encuentra en el octavo círculo del Infierno, los falsificadores de alma, si seguimos la clasificación exacta. 

R. de Moraine 
Le Vampire 

Hay escenas que no representan un hecho, sino una forma de pensar el miedo, y acaso por eso duran más que los propios hechos que pretendían ilustrar ...

El Vampiro en el Arte
Con una prosa ensayística y evocadora, El vampiro en el arte explora cómo cada época ha proyectado en el vampiro sus obsesiones más íntimas: el cuerpo, la sexualidad, la enfermedad, el lujo, la decadencia, el doble, el deseo de inmortalidad y la inquietud ante lo que regresa. Más que estudiar un monstruo, este libro sigue el rastro de una presencia. Y al hacerlo, revela que toda imagen vampírica es también una confesión disfrazada de la cultura que la produce.

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