Philip Burne-Jones 
The Vampire (1897)

Uno podría pensar —si no supiera la fecha exacta del cuadro— que esta imagen fue pintada después de toda la tradición cinematográfica del vampiro femenino, después de las musas fatales del siglo XX, después del cine mudo y del technicolor, de la Hammer y de Anne Rice. Pero no. Es 1897. El mismo año de la publicación de Drácula. Y en cierto modo, The Vampire de Philip Burne-Jones ya lo anticipa todo. Ya está todo ahí: la belleza destructora, la rendición masculina, la fascinación por el cuerpo que no ama pero toma.

La figura femenina domina la escena. No es violenta, no es cruel, no es siquiera monstruosa. Pero está en lo alto, erguida, segura, y el hombre yace bajo ella con un gesto de agotamiento, de éxtasis o de abandono —no se sabe bien, y eso lo hace más perturbador. Sus ropajes flotan, su rostro permanece impasible. No se muestra el mordisco. No hace falta. Porque el daño ya está hecho, o está ocurriendo aún, o está a punto de repetirse. Y eso es lo esencial: The Vampire no representa un momento, sino un ciclo.

Lo que aquí se pinta —y se subraya, casi se celebra— es la inversión de poder. Ella es la cazadora, la activa, la que elige. Él es la presa, pero no del todo inocente: hay en su rendición una forma de aceptación, de deseo satisfecho incluso en la destrucción. Es esa ambigüedad la que ha hecho del cuadro una imagen fundacional, un ícono del vampirismo erótico, del deseo como entrega y como ruina. Una escena que, más que representar, formula un interrogante: ¿quién desea a quién?, ¿quién se alimenta de quién?

The Vampire no es un cuadro de horror. Es un cuadro de aceptación. Y quizá por eso, por no juzgar, por no apartar la mirada, sigue siendo tan inolvidable.

Vampiros en el Arte

Henry Fuseli 
The Nightmare 

Fuseli pintó esta escena como si hubiera visto en la imaginación lo que aún no se decía en voz alta: que el miedo no venía sólo de fuera, sino de dentro ...

William-Adolphe Bouguereau  
Dante y Virgilio

El cuadro representa a los condenados que Dante encuentra en el octavo círculo del Infierno, los falsificadores de alma, si seguimos la clasificación exacta. 

R. de Moraine 
Le Vampire 

Hay escenas que no representan un hecho, sino una forma de pensar el miedo, y acaso por eso duran más que los propios hechos que pretendían ilustrar ...

El Vampiro en el Arte
Con una prosa ensayística y evocadora, El vampiro en el arte explora cómo cada época ha proyectado en el vampiro sus obsesiones más íntimas: el cuerpo, la sexualidad, la enfermedad, el lujo, la decadencia, el doble, el deseo de inmortalidad y la inquietud ante lo que regresa. Más que estudiar un monstruo, este libro sigue el rastro de una presencia. Y al hacerlo, revela que toda imagen vampírica es también una confesión disfrazada de la cultura que la produce.

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