Orígenes del vampirismo

El vampiro no nació de una sola tradición ni de un único pueblo, sino de una suma compleja de mitos, temores y creencias repartidos por culturas muy distintas. 

Mucho antes de recibir su forma europea más conocida, ya existían en Mesopotamia, Grecia, Roma, la India, China, el mundo eslavo, el ámbito nórdico y otras muchas tradiciones figuras ligadas al regreso de los muertos, la absorción de la vida, la impureza funeraria y la amenaza de lo que no acepta desaparecer. Esta sección se adentra en esas raíces remotas para seguir el rastro de criaturas, leyendas y símbolos que anticipan la larga historia del vampiro. No se trata solo de buscar un origen, sino de comprender por qué tantas civilizaciones imaginaron seres semejantes para nombrar la muerte incompleta, la sed insaciable y el miedo a aquello que vuelve.

 

Lamashtu: la devoradora 
que vino antes de todos

Se la temía por muchas razones, y todas tenían que ver con su capacidad para interrumpir los comienzos. 

Ekimmu: los que no 
fueron llorados

No todo lo que regresa lo hace por voluntad. No todo lo que vuelve a la vida quiere estar vivo. 

Vetala: el muerto 
que pregunta

Existen criaturas que no mueren, y otras que no saben que están muertas. Algunas regresan por hambre, otras por castigo. Pero hay una clase más extraña —acaso más perturbadora aún—, que vuelve no para dañar ni para devorar, sino para preguntar. 

Lamia: la que fue mujer 
antes que monstruo

Su historia ha sido contada muchas veces. Demasiadas, quizá. Y como ocurre con los relatos que sobreviven al tiempo, ha mutado tanto que ya no es sencillo decir qué proviene de la mitología griega 

Striges: las que vienen 
sin forma fija

Los romanos las conocían —o eso decían— y las temían. Sabían que volaban, que actuaban de noche, que buscaban a los niños recién nacidos ...

Jiangshi: el que 
salta sin alma

Existen criaturas que no mueren, y otras que no saben que están muertas. Algunas regresan por hambre, otras por castigo. Pero hay una clase más extraña —acaso más perturbadora aún—, que vuelve no para dañar ni para devorar, sino para preguntar. 

Baobhan Sith: la que baila 
antes de matar

Existen terrores que se anuncian con ruido —con cadenas, con lamentos, con pasos húmedos que interrumpen el sueño—, y hay otros que llegan bailando

Camazotz, o el murciélago 
que vino del inframundo

En las narraciones mayas, y más concretamente en el Popol Vuh, se le menciona sin énfasis, como si no hiciera falta exagerar lo que ya es irrefutable: “Y llegó Camazotz ...

Strigoi, o lo que no 
termina de irse

Uno nunca sabe muy bien qué hacer con los muertos. Se los vela, se los entierra, se les llora en voz baja o se los menciona de reojo, y sin embargo no siempre se consigue que se vayan del todo.

Draugr, o el cadáver 
que no se resigna

Algunos muertos se levantan no porque los llamen, ni porque los maldigan, ni siquiera porque los olviden, sino porque la muerte, para ellos, no es más que un error del cuerpo. 

Leyendas 
africanas

No todo lo vampírico nace en castillos húmedos ni en nieblas rumanas. No todo chupa sangre desde un cuello con lentitud erótica. A veces el vampiro ni siquiera se llama vampiro. Y sin embargo lo es. 

Leyendas  
polinesias

Uno nunca sabe muy bien qué hacer con los muertos. Se los vela, se los entierra, se les llora en voz baja o se los menciona de reojo, y sin embargo no siempre se consigue que se vayan del todo.

Vampiros en la Literatura

Pocas figuras han recorrido la literatura con tanta persistencia y tanta capacidad de transformación como el vampiro.

Antes de convertirse en icono popular, fue ya presencia inquietante en relatos, poemas, novelas y cuentos donde encarnaba el deseo, la enfermedad, la culpa, la seducción y el miedo a lo que regresa desde la muerte. Desde las primeras formulaciones del siglo XVIII y XIX hasta sus reinvenciones contemporáneas, el vampiro literario ha cambiado de rostro sin dejar de expresar una misma inquietud profunda: la de aquello que fascina al mismo tiempo que amenaza. En esta sección recorremos su evolución en la ficción, sus grandes autores, sus obras fundamentales y las múltiples formas en que la literatura hizo del vampiro una de sus criaturas más complejas y perdurables.

Gottfried A. Bürger 
Lenore (1773)

No es raro que uno rece y no obtenga respuesta, que el cielo —si es que lo hay— permanezca cerrado cuando se lo suplica con más fervor, con más dolor. 

John William Polidori 
The Vampyre (1819)

El vampiro de John Polidori, nacido en el mismo año en que Byron llevó al mundo las sombras del "Giaour", es, en muchos sentidos, la culminación de un proceso. 

Bram Stoker 
Dracula (1897)

Hay viajes que, incluso antes de alcanzar su destino, comienzan a torcer la percepción del mundo, a inclinarla, a volverla equívoca. 

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