Vampiros en la Literatura
Pocas figuras han recorrido la literatura con tanta persistencia y tanta capacidad de transformación como el vampiro.
Antes de convertirse en icono popular, fue ya presencia inquietante en relatos, poemas, novelas y cuentos donde encarnaba el deseo, la enfermedad, la culpa, la seducción y el miedo a lo que regresa desde la muerte. Desde las primeras formulaciones del siglo XVIII y XIX hasta sus reinvenciones contemporáneas, el vampiro literario ha cambiado de rostro sin dejar de expresar una misma inquietud profunda: la de aquello que fascina al mismo tiempo que amenaza. En esta sección recorremos su evolución en la ficción, sus grandes autores, sus obras fundamentales y las múltiples formas en que la literatura hizo del vampiro una de sus criaturas más complejas y perdurables.
Gottfried A. Bürger
Lenore (1773)
No es raro que uno rece y no obtenga respuesta, que el cielo —si es que lo hay— permanezca cerrado cuando se lo suplica con más fervor, con más dolor.
John William Polidori
The Vampyre (1819)
El vampiro de John Polidori, nacido en el mismo año en que Byron llevó al mundo las sombras del "Giaour", es, en muchos sentidos, la culminación de un proceso.
Bram Stoker
Dracula (1897)
Hay viajes que, incluso antes de alcanzar su destino, comienzan a torcer la percepción del mundo, a inclinarla, a volverla equívoca.
Heinrich August Ossenfelder
Der Vampir (1748)
Algunos textos sobreviven no porque hayan sido leídos con atención, sino porque se los cita, se los recuerda mal, o simplemente porque abrieron una puerta por la que luego pasaron otros más célebres.
Johann Wolfgang von Goethe
Die Braut von Korinth (1797)
Algunas promesas no se pronuncian en voz alta, pero pesan más que aquellas que se sellan ante testigos.

Robert Southey
Thalaba the Destroyer (1801)
En Thalaba the Destroyer, publicado en 1801, Robert Southey no pretendía escribir sobre vampiros, ni mucho menos añadir otro ejemplar a la galería ya nutrida de lo monstruoso.
Lord Byron
El Giaour (1813)
En El Giaour (1813), Lord Byron no solo despliega su maestría narrativa, sino que introduce una figura central que, en su complejidad y contradicciones, anticipa las tensiones que habrán de caracterizar las representaciones literarias del vampiro en el siglo XIX.
Samuel Taylor Coleridge
Christabel (1816)
En Christabel (1816), Samuel Taylor Coleridge presenta una de las figuras más inquietantes y ambiguas del siglo XIX, cuyo eco resonaría en la literatura gótica posterior.
Uriah Derick D'Arcy
The Black Vampyre (1819)
En Thalaba the Destroyer, publicado en 1801, Robert Southey no pretendía escribir sobre vampiros, ni mucho menos añadir otro ejemplar a la galería ya nutrida de lo monstruoso.
John Keats
La bella dama sin piedad (1819)
La obra, breve en su extensión pero vasta en sus implicaciones, describe el encuentro entre un caballero y una mujer que, aunque parece de un mundo de ensueño
Charles Maturin
Melmoth the Wanderer (1820)
Melmoth the Wanderer, la obra más desesperada y quizá más radical de Charles Maturin, es precisamente eso: la historia de un hombre que no puede morir
John Keats
Lamia (1820)
En 1820, John Keats publicó Lamia, un poema que no solo profundiza en las tensiones entre lo humano y lo sobrenatural, sino que también se adentra en la complejidad de los deseos humanos
E.T.A. Hoffmann
Vampirismus (1821)
Se hablaba de una joven, de una tal Antoinette, o Antonie, los nombres cambian según quién los diga o los recuerde, y a veces lo que cambia con el nombre es el recuerdo mismo ...
Charles Nodier
Infernaliana (1822)
Algunos libros no son libros, sino gabinetes de sombras. Infernaliana es uno de ellos. Un catálogo de historias breves, a veces mínimas, que no pretende instruir ni deleitar, sino despertar algo más inquietante
Raupach
Laß die Toten ruhn(1823)
No sabemos si Raupach creyó alguna vez en vampiros. Ni siquiera si los temió. Lo que sí parece seguro es que no le bastaban los espectros.
Victor Hugo
Han d’Islande (1823)
La primera novela de Victor Hugo, publicada en 1823, cuando apenas tenía veinte años y todavía firmaba con una mezcla de orgullo juvenil y ambición desaforada.
Elizabeth Caroline Grey
The Skeleton Count, or The Vampire Mistress (1828)
En The Skeleton Count, de Elizabeth Caroline Grey, el vampiro deja de ser solo una criatura de la noche, una amenaza externa, para convertirse en algo más cercano a un dilema existencial.
Charles Nodier
Carolina (1830)
En Carolina (1830), Charles Nodier propone una figura del vampiro profundamente ambigua, más cercana al espectro del recuerdo que al monstruo físico.
Charles Nodier
El vampiro Harppe (1830)
Se llamaba Harppe, o así lo nombraban en los rumores, que son siempre más ciertos que las crónicas oficiales y más inciertos que la verdad.
Letitia Elizabeth Landon
The Vampyre Bride (1833)
El largo poema de Letitia Elizabeth Landon, es una de esas voces que no grita, que no acusa, que no suplica, pero que se queda.
Mary Shelley
The Mortal Immortal (1833)
En The Mortal Immortal (1833), Mary Shelley despliega una visión del vampiro que va más allá de la tradicional figura monstruosa.
Edgar Allan Poe
Berenice (1835)
Poe no escribe de vampiros aquí, al menos no en sentido literal. Pero el relato entero es un acto de vampirismo mental, de erosión progresiva del alma por una idea fija.
Nikolái Gógol
Viy (1835)
Algunos relatos, como ciertas personas, no admiten del todo la lógica ni la clasificación. Se mueven entre géneros como quien se desliza entre pensamientos.
Edgar Allan Poe
Morella (1835)
Hubo un tiempo en que Morella fue mi esposa, y quizás también mi maestra, aunque entonces yo no lo habría admitido, y ahora ya no lo sé.
Crónicas Vampíricas
Mucho antes de que el vampiro se convirtiera en personaje de novela o de cine, ya circulaba por Europa en informes, relaciones, tratados, cartas, crónicas locales y testimonios que hablaban de muertos que volvían, cuerpos incorruptos y aldeas dominadas por el terror.
Estas crónicas vampíricas no pertenecen todavía al reino de la ficción, sino al de la creencia, la alarma social, la observación y el intento —casi siempre insuficiente— de explicar lo inexplicable. En sus páginas se cruzan la superstición popular, la teología, la medicina antigua, la administración y el miedo colectivo. Esta sección reúne y estudia esos textos en los que el vampiro aparece aún como problema real, discutido y temido, antes de pasar plenamente a la literatura y al imaginario moderno.
Jan Neplach
Summula chronicae
Un abad llamado Jan Neplach —benedictino, meticuloso y parco— decidió consignar el mundo tal como le llegaba, sin aspavientos ni retórica, en una crónica que tituló Summula.
Wenzel Hajek
Böhmische Chronica
En la transición entre el mundo medieval y el moderno, cuando la Reforma había dividido ya los espíritus pero no las certezas, Wenzel Hajek de Libočan, historiador y humanista bohemio, compuso su Crónica de Bohemia.
Leone Allatius
De perpetua consensione Ecclesiae Orientalis et Occidentalis
En el año 1648, Leone Allatius, erudito greco-católico de vasta formación y compleja lealtad publicó un texto que a primera vista no tenía por qué rozar el espanto.
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