Alexandre Dumas 
Histoire de la Dame pâle (1849)

A veces uno se pregunta por qué la muerte, que debería ser un cierre, una supresión, una obediente clausura, se obstina en regresar bajo formas caprichosas, sutiles, indeseadas; por qué lo que ha sido pronunciado como terminado aún insiste en hablar, en murmurar desde algún lugar donde no hay garganta ni aliento. Y en la Histoire de la Dame pâle, de Alexandre Dumas, publicada en 1849 —como quien escribe una elegía disfrazada de cuento—, ese retorno toma el cuerpo helado de una dama eslava, blanca como el paisaje y muda como la noche invernal que la envuelve, y lo convierte en metáfora de una obsesión que no cesa. Dumas, que sabía de duelos, de reyes decapitados y de corazones atravesados por más de una espada, supo también del modo en que lo amoroso se mezcla con lo espectral, y del modo en que la belleza puede, incluso después de muerta, seguir cobrando víctimas con una elegancia que apenas deja huella.

La dama pálida de Dumas no chilla ni muerde, no chupa ni se oculta bajo capas negras: ella aparece como una visión, como un recordatorio delicado y sombrío de que el deseo no muere con el objeto amado, y que a veces ese deseo, cuando no encuentra salida, regresa convertido en condena. Quien ama demasiado —nos viene a decir Dumas— puede quedarse atrapado en su propio amor, condenado a buscar una presencia que ya no está, o peor, que sigue estando sin estarlo del todo.

La historia se ubica, como tantas otras de vampiros del siglo XIX, en el Este lejano, en ese espacio que para los franceses de entonces era ya la frontera con lo legendario, lo cruel y lo arcaico. Un joven noble, un castillo, una belleza muerta que regresa... todo podría haber sido un simple divertimento romántico, una anécdota gótica más. Pero en las manos de Dumas, la historia se tiñe de melancolía metafísica: el vampiro, lejos de ser un monstruo, es una pregunta encarnada sobre la repetición, la imposibilidad del olvido, la persistencia del afecto más allá de la carne y de la lógica.

Y es que Dumas no escribe aquí sobre la sangre, sino sobre la memoria. No sobre la sed, sino sobre la fidelidad. Lo que su joven protagonista no puede hacer es traicionar el recuerdo de lo perdido, y eso —en el universo de la Dame pâle— es un error tan grave como amar a un espectro, tan grave como seguir deseando lo que ya no puede responder. Porque si algo caracteriza a los vampiros en esta historia no es su agresividad, sino su pasividad devastadora, su estar sin actuar, su ser sin querer, su aparecer sin explicarse. No hay voluntad malvada en la dama pálida, sino una especie de deber fatal, como si ella misma estuviera tan condenada como el hombre que la ama.

Quizá por eso, como en tantos otros relatos del siglo XIX, no queda claro si hay un vampiro en absoluto, o si todo es una elaboración febril, una alucinación del deseo y del duelo, un cuento contado para no olvidar que alguna vez se amó. Porque a veces el amor no muere, pero tampoco vive. Se queda ahí, esperando bajo la nieve.

Vampiros en el Arte

Henry Fuseli 
The Nightmare 

Fuseli pintó esta escena como si hubiera visto en la imaginación lo que aún no se decía en voz alta: que el miedo no venía sólo de fuera, sino de dentro ...

William-Adolphe Bouguereau  
Dante y Virgilio

El cuadro representa a los condenados que Dante encuentra en el octavo círculo del Infierno, los falsificadores de alma, si seguimos la clasificación exacta. 

R. de Moraine 
Le Vampire 

Hay escenas que no representan un hecho, sino una forma de pensar el miedo, y acaso por eso duran más que los propios hechos que pretendían ilustrar ...

El Vampiro en el Arte
Con una prosa ensayística y evocadora, El vampiro en el arte explora cómo cada época ha proyectado en el vampiro sus obsesiones más íntimas: el cuerpo, la sexualidad, la enfermedad, el lujo, la decadencia, el doble, el deseo de inmortalidad y la inquietud ante lo que regresa. Más que estudiar un monstruo, este libro sigue el rastro de una presencia. Y al hacerlo, revela que toda imagen vampírica es también una confesión disfrazada de la cultura que la produce.

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