Henry Fuseli
The Nightmare (1781)
No hay sangre en The Nightmare. Tampoco hay colmillos, ni cadáveres reanimados, ni ningún signo visible de lo que más tarde llamaríamos vampirismo. Y sin embargo, ahí está: el peso sobre el pecho, la indefensión, el cuerpo femenino abandonado al sueño o a la posesión, y esa figura que no mira sino que acecha, ese íncubo agazapado, tan real como la pesadilla, tan presente como el deseo reprimido. Y al fondo, el caballo. Siempre el caballo: no el animal del trabajo o la batalla, sino la aparición que atraviesa el umbral, el testigo del trauma.
Fuseli pintó esta escena como si hubiera visto en la imaginación lo que aún no se decía en voz alta: que el miedo no venía sólo de fuera, sino de dentro; que lo sobrenatural no estaba al margen de la vida, sino en su reverso, como una sombra proyectada desde el deseo. El cuerpo femenino, abandonado, lánguido, con el pecho elevado y la cabeza caída hacia atrás, no representa la muerte, sino algo más ambiguo: el éxtasis y el horror entrelazados. ¿Es víctima o es cómplice? ¿Sueña o ya ha sido tomada?
El cuadro se exhibió con escándalo y fascinación. Muchos lo entendieron como una escena de opresión —la mujer aplastada por el demonio, por el inconsciente, por la fantasía—, pero otros vieron algo más profundo: la revelación de una verdad silenciada. Que el cuerpo dormido, y sobre todo el cuerpo femenino, no estaba nunca a salvo. Que la noche, que debería haber sido descanso, era también el momento en que lo invisible se volvía más táctil, más real, más inevitable.
Franz von Stuck
Die Sünde
Hay cuadros que no representan, sino que encarnan. No ilustran una idea, sino que la convierten en cuerpo, en piel, en mirada ...
Edvard Munch
Vampyr
A veces no hay que mostrar el acto para que el acto esté. Basta un gesto, una curva, una insinuación. Basta un cuello que se ofrece, una melena que cae ...
Philip Burne-Jones
The Vampire
Uno podría pensar —si no supiera la fecha exacta del cuadro— que esta imagen fue pintada después de toda la tradición cinematográfica del vampiro femenino ...
Con una prosa ensayística y evocadora, El vampiro en el arte explora cómo cada época ha proyectado en el vampiro sus obsesiones más íntimas: el cuerpo, la sexualidad, la enfermedad, el lujo, la decadencia, el doble, el deseo de inmortalidad y la inquietud ante lo que regresa. Más que estudiar un monstruo, este libro sigue el rastro de una presencia. Y al hacerlo, revela que toda imagen vampírica es también una confesión disfrazada de la cultura que la produce.




