Gerard van Swieten 
Remarques sur le vampyrisme de Silesie (1768)

Determinados textos se escriben para preguntar, y otros se escriben para poner punto final. El de Van Swieten pertenece a estos últimos: no hay en él intención de explorar la duda, sino de enterrarla. Médico imperial, discípulo de Boerhaave, lector de Newton, Van Swieten observa la historia del vampirismo con la misma expresión con la que un científico observa una mancha en su instrumental: algo que debe ser eliminado para que el saber funcione como debe.

En su Remarques sur le vampyrisme de Silesie, redactado como informe tras los tumultos en esa región —donde cadáveres sospechosamente frescos y muertes súbitas entre los vivos despertaron viejas creencias—, Van Swieten se aplica a desmontar, una por una, las bases del mito. No hay retorno del muerto, dice. No hay absorción de sangre. Lo que hay es error, incomprensión de los procesos de descomposición, desconocimiento de las enfermedades infecciosas, ignorancia del funcionamiento del cuerpo.

Y lo explica todo. Los cuerpos que no se corrompen, dice, pueden estar en climas fríos, o haber muerto por causas que preservan los tejidos. La sangre que se encuentra en la boca o el pecho no es signo de que el muerto haya succionado, sino de una acumulación post mortem. Las muertes de quienes “han sido visitados” por el vampiro no son efecto de una criatura nocturna, sino de contagios —quizá de la peste, quizá del tifus— que no supieron detectarse a tiempo.

Van Swieten escribe como quien limpia una herida: sin titubeo, sin ornamento, sin lugar para lo simbólico. No hay herejía, no hay magia, no hay mal. Solo cuerpos, gases, procesos, miedo. Lo que otros han leído como lo sobrenatural, él lo traduce a fisiología. Y sin embargo, la contundencia de su prosa deja un curioso residuo: un rastro de que todo esto, aunque explicado, no ha sido del todo neutralizado. Como si, al escribir tan meticulosamente sobre el vampiro, lo hubiera revivido por otros medios.

Porque al negarlo con tanta precisión, le da forma. Y al darle forma, lo fija. De modo que este tratado que pretendía cerrar la superstición, se convierte en uno de los documentos que más contribuyeron a consolidar la imagen del vampiro moderno. No por lo que afirma, sino por lo que deja ver entre líneas: que lo que se explica del todo, rara vez se olvida.

Vampiros en el Arte

Henry Fuseli 
The Nightmare 

Fuseli pintó esta escena como si hubiera visto en la imaginación lo que aún no se decía en voz alta: que el miedo no venía sólo de fuera, sino de dentro ...

William-Adolphe Bouguereau  
Dante y Virgilio

El cuadro representa a los condenados que Dante encuentra en el octavo círculo del Infierno, los falsificadores de alma, si seguimos la clasificación exacta. 

R. de Moraine 
Le Vampire 

Hay escenas que no representan un hecho, sino una forma de pensar el miedo, y acaso por eso duran más que los propios hechos que pretendían ilustrar ...

El Vampiro en el Arte
Con una prosa ensayística y evocadora, El vampiro en el arte explora cómo cada época ha proyectado en el vampiro sus obsesiones más íntimas: el cuerpo, la sexualidad, la enfermedad, el lujo, la decadencia, el doble, el deseo de inmortalidad y la inquietud ante lo que regresa. Más que estudiar un monstruo, este libro sigue el rastro de una presencia. Y al hacerlo, revela que toda imagen vampírica es también una confesión disfrazada de la cultura que la produce.

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