Gabriel Rzaczynski 
Historia naturalis curiosa Regni Poloniae (1721)

Gabriel Rzaczynski, jesuita, erudito y viajero, escribió en 1721 una obra ambiciosa, por momentos asombrosa, titulada Historia naturalis curiosa Regni Poloniae, es decir, una historia natural —pero también social, e incluso mítica— de su patria polaca. Como tantos sabios de su tiempo, Rzaczynski no veía todavía incompatibilidad entre la ciencia y la maravilla, entre la razón y el espanto. Su curiosidad era, por decirlo así, lo bastante amplia como para incluir lo que no se explica, pero tampoco se puede ignorar.

Y en medio de tratados sobre plantas, animales, fenómenos atmosféricos, costumbres locales y observaciones físicas, aparece —como si fuera lo más natural del mundo— una mención breve pero escalofriante a los vampiros.

No usa esa palabra exactamente, aunque ya comenzaba a circular. Habla de muertos que vuelven, de cadáveres incorruptos, de gentes del campo que aseguran haber visto cómo los animales enferman tras cruzarse con cierta sombra. Habla, incluso, de prácticas apotropaicas: cortar cabezas, clavar estacas o quemar corazones. Todo dicho con una precisión que inquieta. Porque no es un poeta ni un fabulador quien lo escribe, sino un científico, o lo que entonces se entendía por tal. Un hombre que enumera, que observa, que anota lo que se repite. Y eso, en su mundo, ya es señal de veracidad.

Lo que inquieta en Rzaczynski no es que crea. Es que no dice si cree. Solo deja constancia. Y al hacerlo, reconoce —quizás sin querer— que la verdad no siempre depende de la fe, sino de la insistencia: si algo se dice demasiadas veces, en demasiados lugares, con demasiados detalles, uno termina por creerlo. Aunque no sepa en qué sección de un libro colocarlo.

En ese gesto —el de incluir el vampiro en una historia natural— hay un punto de no retorno. El vampiro, hasta entonces criatura del rumor, del sermón rural, del exorcismo sin acta, pasa a ser materia bibliográfica. Y eso, a su manera, lo legitima. Lo hace entrar, con todas sus ambigüedades, en el archivo del saber.

Rzaczynski no sabía que estaba fijando un mito. Solo pensaba que lo estaba registrando. Y sin embargo, lo hizo: dio al vampiro una página, un número, una cita. Lo dejó existir.

 

Acceder al documento original: Acceder

Vampiros en el Arte

Henry Fuseli 
The Nightmare 

Fuseli pintó esta escena como si hubiera visto en la imaginación lo que aún no se decía en voz alta: que el miedo no venía sólo de fuera, sino de dentro ...

William-Adolphe Bouguereau  
Dante y Virgilio

El cuadro representa a los condenados que Dante encuentra en el octavo círculo del Infierno, los falsificadores de alma, si seguimos la clasificación exacta. 

R. de Moraine 
Le Vampire 

Hay escenas que no representan un hecho, sino una forma de pensar el miedo, y acaso por eso duran más que los propios hechos que pretendían ilustrar ...

El Vampiro en el Arte
Con una prosa ensayística y evocadora, El vampiro en el arte explora cómo cada época ha proyectado en el vampiro sus obsesiones más íntimas: el cuerpo, la sexualidad, la enfermedad, el lujo, la decadencia, el doble, el deseo de inmortalidad y la inquietud ante lo que regresa. Más que estudiar un monstruo, este libro sigue el rastro de una presencia. Y al hacerlo, revela que toda imagen vampírica es también una confesión disfrazada de la cultura que la produce.

Necesitamos su consentimiento para cargar las traducciones

Utilizamos un servicio de terceros para traducir el contenido del sitio web que puede recopilar datos sobre su actividad. Por favor revise los detalles en la política de privacidad y acepte el servicio para ver las traducciones.