Friedrich Nork (pseud. C. F. W. Wander) 
Mythologie der Volksmärchen und Sagen (1866)

No todos los libros nacen para deslumbrar; algunos se conforman con reunir, ordenar, anotar al margen lo que otros han olvidado o considerado indigno de ser recordado. Y sin embargo, en esa modestia aparente reside a veces su fuerza, como si al recoger sin demasiadas pretensiones las fábulas y supersticiones de una Europa campesina, dispersa y supersticiosa, acabaran revelando una imagen más fiel del alma humana que la que ofrecen los tratados filosóficos o las dogmáticas eclesiásticas. El de Friedrich Nork —erudito alemán que se oculta bajo un seudónimo como si quisiera borrar su autoría y dejar que hablen solo las voces populares que transcribe— es uno de esos libros.

En Mythologie der Volksmärchen und Sagen, Nork no escribe contra el vampiro ni a su favor, ni siquiera a sabiendas de estar tratándolo. Lo que hace, más bien, es trazar un mapa de las criaturas de frontera: seres nacidos del cruce entre lo mítico y lo doméstico, lo demoníaco y lo narrable. Es un libro que no teme la confusión, que no exige rigor teológico ni coherencia simbólica, y por eso, precisamente, permite al vampiro deslizarse entre líneas. No como figura central, ni siquiera como término consolidado —el vampiro aún está por cristalizar en el imaginario burgués—, sino como una constante sin forma fija: el muerto que regresa, el devorador nocturno, el cadáver que no acepta la clausura de su destino.

Nork habla de ellos sin reconocerlos del todo, como quien describe a un visitante al que no se atreve a mirar directamente a los ojos. A veces les llama demonios, otras los vincula con los íncubos, otras más con figuras de la mitología germánica o eslava que acechan en los umbrales del sueño. Pero el lector de hoy, más advertido, no puede evitar sentir que, en el fondo, está leyendo la génesis dispersa del vampiro moderno: ese ser que no nace de una cultura única, sino de una sedimentación de terrores compartidos, que se impone no por definición sino por insistencia.

Y es esa insistencia —la repetición obstinada de ciertos relatos, ciertos gestos, ciertas muertes que no terminan de serlo— la que convierte a este libro de recopilaciones aparentemente inocuas en un documento valioso, casi sin quererlo, para la historia del no-muerto. Nork no teorizó sobre el vampirismo, pero dejó por escrito las condiciones de su emergencia: los relatos donde la muerte no es final, donde el cuerpo conserva apetitos, donde la palabra “vampiro” aún no existe… pero ya actúa.

Vampiros en el Arte

Henry Fuseli 
The Nightmare 

Fuseli pintó esta escena como si hubiera visto en la imaginación lo que aún no se decía en voz alta: que el miedo no venía sólo de fuera, sino de dentro ...

William-Adolphe Bouguereau  
Dante y Virgilio

El cuadro representa a los condenados que Dante encuentra en el octavo círculo del Infierno, los falsificadores de alma, si seguimos la clasificación exacta. 

R. de Moraine 
Le Vampire 

Hay escenas que no representan un hecho, sino una forma de pensar el miedo, y acaso por eso duran más que los propios hechos que pretendían ilustrar ...

El Vampiro en el Arte
Con una prosa ensayística y evocadora, El vampiro en el arte explora cómo cada época ha proyectado en el vampiro sus obsesiones más íntimas: el cuerpo, la sexualidad, la enfermedad, el lujo, la decadencia, el doble, el deseo de inmortalidad y la inquietud ante lo que regresa. Más que estudiar un monstruo, este libro sigue el rastro de una presencia. Y al hacerlo, revela que toda imagen vampírica es también una confesión disfrazada de la cultura que la produce.

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