Fitz-James O’Brien
What was it? (1859)
No siempre se necesita ver para saber que algo está. De hecho —y eso lo sabe cualquiera que haya vivido con miedo verdadero, no con susto pasajero ni con alarma de película—, lo que no se ve es, en demasiadas ocasiones, lo que más perdura. Porque lo que se ve se enfrenta, se mide, se derrota o se evita. Pero lo que no tiene forma, lo que se intuye sin poder precisarse, eso permanece.
En ¿What was it?, Fitz-James O’Brien construye una de las primeras ficciones modernas sobre lo invisible, no lo fantástico, sino lo estrictamente imperceptible. Un hombre —cuerdo, educado, racional— es atacado por una criatura que no puede ver, aunque sí puede tocar, sentir, oír. Y esa contradicción, la de estar siendo herido por algo que no tiene imagen, es lo que desquicia al protagonista, no porque dude de su experiencia, sino porque sabe que lo real ha dejado de coincidir con lo visible.
O’Brien lo intuía, aunque no lo dijera así: el verdadero vampiro ya no necesita dientes ni sombras. Basta con que no se vea, con que esté ahí sin estar del todo, con que te quite el aliento y la certeza sin llegar a definirse nunca. El protagonista de ¿What was it? no se enloquece por lo que experimenta, sino porque nadie podrá creerle. Porque lo inexplicable no sólo se sufre, también se calla. Y en ese silencio comienza la verdadera herida.
El título mismo —esa pregunta que no se resuelve— funciona como emblema de todo lo que no se puede clasificar: ¿Qué fue? ¿Qué era eso? ¿Cómo nombrarlo? Y en esa imposibilidad de nombrar radica todo. Porque si algo no puede ser dicho, tampoco puede ser comprendido, ni juzgado, ni eliminado. Sólo se repite. Sólo se teme. Sólo se recuerda. O peor: sólo se sospecha.
¿What was it? es una historia de invisibilidad encarnada. Y lo invisible aquí no es un simple truco o una anomalía, sino una metáfora radical de todo lo que el pensamiento no alcanza. Una criatura sin forma, sin rostro, sin origen. Y eso —el no saber de dónde viene algo— es lo que más nos paraliza. Porque si no sabemos cómo empieza algo, tampoco podemos saber cómo termina. O quizás no termina nunca.
Vampiros en el Arte
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