François Alexis Blache 
Polichinel vampire (1823)

Polichinela, el bufón encorvado de la commedia dell’arte, el de nariz ganchuda y voz aguda, se convierte aquí en vampiro. Pero no lo hace mediante una transformación plástica elegante ni simbólica, sino a través de la deformidad. Tiene la mirada vacía de los muertos, los dientes expuestos de los hambrientos y el aire mecánico de un títere que ha dejado de obedecer al maestro. No hay belleza en esta figura, y quizás por eso resulta más eficaz. Porque lo que asusta no es lo monstruoso en sí, sino lo monstruoso que insiste en hacernos reír mientras nos chupa el aliento.

Blache, como tantos artistas de la primera mitad del siglo XIX, entendía que la risa no está tan lejos del miedo. Que la máscara grotesca del teatro podía ser, también, un contenedor de lo reprimido. Y que el vampiro no tenía por qué parecerse a un noble transilvano ni a un fantasma romántico: podía vestirse de bufón, de payaso, de caricatura. Podía bailar en la plaza y, al caer la noche, beber.

Y me pregunto —como quien observa un grabado burlón sin saber si el temblor viene del trazo o del significado— si no será esa figura la más honesta de todas: la del vampiro que no engaña con su belleza, que no necesita la seducción, porque se alimenta de nuestra risa. Risa nerviosa, claro. Risa que nace cuando no sabemos si estamos ante un chiste o ante la última escena. Risa que, como toda risa antigua, acaba por descubrir que el miedo y la muerte se esconden siempre detrás del telón.

Vampiros en el Arte

Henry Fuseli 
The Nightmare 

Fuseli pintó esta escena como si hubiera visto en la imaginación lo que aún no se decía en voz alta: que el miedo no venía sólo de fuera, sino de dentro ...

William-Adolphe Bouguereau  
Dante y Virgilio

El cuadro representa a los condenados que Dante encuentra en el octavo círculo del Infierno, los falsificadores de alma, si seguimos la clasificación exacta. 

R. de Moraine 
Le Vampire 

Hay escenas que no representan un hecho, sino una forma de pensar el miedo, y acaso por eso duran más que los propios hechos que pretendían ilustrar ...

El Vampiro en el Arte
Con una prosa ensayística y evocadora, El vampiro en el arte explora cómo cada época ha proyectado en el vampiro sus obsesiones más íntimas: el cuerpo, la sexualidad, la enfermedad, el lujo, la decadencia, el doble, el deseo de inmortalidad y la inquietud ante lo que regresa. Más que estudiar un monstruo, este libro sigue el rastro de una presencia. Y al hacerlo, revela que toda imagen vampírica es también una confesión disfrazada de la cultura que la produce.

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