Ernest Jones
On the Nightmare (1931)
No todos los estudios sobre el vampirismo se ocupan de cadáveres. Algunos, como este de Ernest Jones, se ocupan de algo más difícil de clasificar: el deseo disfrazado de miedo, la angustia revestida de figura, la sombra que se proyecta no en la noche exterior, sino en la interior. On the Nightmare, obra ya clásica del psicoanálisis freudiano, no fue escrita para el lector gótico, ni para el amante del horror, ni siquiera para el estudioso del folklore. Y sin embargo, contiene algunas de las páginas más lúcidas —y más incómodas— sobre la figura del vampiro como síntoma.
Jones parte del sueño, de su reverso: la pesadilla. Esa perturbación nocturna que parece venir de fuera, pero que nace dentro, como una rebelión de lo reprimido. Y en ese teatro íntimo de figuras deformes, el vampiro ocupa un lugar preeminente. No como monstruo, sino como metáfora erótica. Para Jones, el vampiro es una condensación psíquica: representa el miedo a la sexualidad, la culpa del deseo, el anhelo de retorno al seno materno y, sobre todo, la angustia frente a una fusión demasiado íntima con el otro. Chupar sangre, en este contexto, no es un acto de violencia, sino de apropiación simbólica. Amar demasiado, poseer, devorar.
Lo que On the Nightmare propone es que el vampiro, más que muerto viviente, es libido mal digerida. Un resto del deseo que no ha sabido sublimarse y que se manifiesta en forma de ataque. El sueño del vampiro es entonces una advertencia: el cuerpo que se acerca es el mismo cuerpo que nos reclama, que nos hace vulnerables. El mordisco es al mismo tiempo entrega y violación. El colmillo no solo atraviesa, también reclama.
El estilo de Jones es clínico, sí, pero nunca frío. Su prosa —influida por la claridad expositiva de Freud pero con un tono más narrativo, casi ensayístico— va desplegando las conexiones entre las distintas formas del miedo nocturno: la parálisis del sueño, el íncubo, la figura oscura que se posa sobre el pecho… todo eso que los pueblos llamaban demonios y que el psicoanálisis traduce como metáforas de conflictos internos. Pero incluso en esa traducción, algo se conserva: la idea de que el vampiro es una verdad que no puede decirse de otro modo.
On the Nightmare no es un libro sobre vampiros, pero contiene una de sus lecturas más profundas: la que entiende que lo que más tememos no viene del exterior, sino de lo que hemos aprendido a reprimir. Que el vampiro no solo quiere nuestra sangre, sino que nos obliga a confrontar lo que no hemos querido saber de nosotros mismos. Y por eso sigue apareciendo. En sueños, en ficciones, en síntomas. Porque no es un ser, sino una forma del yo escindido.
Vampiros en el Arte
Henry Fuseli
The Nightmare
Fuseli pintó esta escena como si hubiera visto en la imaginación lo que aún no se decía en voz alta: que el miedo no venía sólo de fuera, sino de dentro ...
William-Adolphe Bouguereau
Dante y Virgilio
El cuadro representa a los condenados que Dante encuentra en el octavo círculo del Infierno, los falsificadores de alma, si seguimos la clasificación exacta.
R. de Moraine
Le Vampire
Hay escenas que no representan un hecho, sino una forma de pensar el miedo, y acaso por eso duran más que los propios hechos que pretendían ilustrar ...
Con una prosa ensayística y evocadora, El vampiro en el arte explora cómo cada época ha proyectado en el vampiro sus obsesiones más íntimas: el cuerpo, la sexualidad, la enfermedad, el lujo, la decadencia, el doble, el deseo de inmortalidad y la inquietud ante lo que regresa. Más que estudiar un monstruo, este libro sigue el rastro de una presencia. Y al hacerlo, revela que toda imagen vampírica es también una confesión disfrazada de la cultura que la produce.




