Ernest Bozzi 
Il Vampirismo: studio storico-critico (1896)

Ernest Bozzi escribió este libro como quien se enfrenta a una superstición con guantes de seda y la voluntad de reducirla a fenómeno. Su Studio storico-critico se presenta como una obra de equilibrio: el siglo XIX tocaba a su fin, y la razón —al menos en Europa occidental— exigía explicaciones, contexto, desmontaje. El vampiro, desde esa óptica, debía ser reubicado en su lugar correcto: una figura heredada del miedo, sostenida por la ignorancia, alimentada por la sugestión. Y sin embargo, algo se le escapa.

Porque Bozzi, que investiga con pulcritud las fuentes, las crónicas, las tradiciones populares de Europa oriental, que rastrea con cuidado los casos más célebres de supuestos vampiros —Kisilova, Medvedja, Kringa—, y que cita incluso a Calmet y a Summers con distancia científica, termina tejiendo una imagen más precisa, más rica y más inquietante que la que cabría esperar de un libro que pretendía desmontar el mito. Lo que construye no es una negación, sino una radiografía del miedo que resiste.

Lo que le interesa no es tanto el monstruo, sino las condiciones sociales que lo hacen surgir: las comunidades aisladas, los rituales de muerte imperfectos, la fragilidad de las fronteras entre cuerpo y alma, entre vida y descomposición. El vampiro, para Bozzi, es una respuesta lógica dentro de un mundo sin certezas, una hipótesis espontánea cuando el cadáver no se comporta como debe. Y, al abordarlo así —como síntoma, como reacción, como necesidad—, lo vuelve más real, no menos.

El mérito de Bozzi no está en haber refutado al vampiro, sino en haberle dado un contexto tan articulado que su eliminación resulta innecesaria. Lo que él propone, en el fondo, es una antropología anticipada del no-muerto: cómo nace, qué función cumple, por qué perdura. Y lo hace sin condescendencia, sin sarcasmo, sin ese tono burlón con el que muchos intelectuales de su tiempo trataban el folklore.

En sus páginas finales, cuando ya ha recorrido toda la genealogía del mito, Bozzi no ofrece un cierre, ni una sentencia. Sólo sugiere que mientras el cuerpo humano conserve su misterio —su opacidad, su extraña continuidad después de la muerte—, el vampiro seguirá siendo necesario. No como ser, sino como explicación. Como espejo de lo que no entendemos y querríamos sofocar.

Y así, Il Vampirismo acaba siendo lo contrario de lo que prometía: un estudio que, al intentar clausurar el mito, lo deja abierto. O, más bien, lo deja vivo.

Vampiros en el Arte

Henry Fuseli 
The Nightmare 

Fuseli pintó esta escena como si hubiera visto en la imaginación lo que aún no se decía en voz alta: que el miedo no venía sólo de fuera, sino de dentro ...

William-Adolphe Bouguereau  
Dante y Virgilio

El cuadro representa a los condenados que Dante encuentra en el octavo círculo del Infierno, los falsificadores de alma, si seguimos la clasificación exacta. 

R. de Moraine 
Le Vampire 

Hay escenas que no representan un hecho, sino una forma de pensar el miedo, y acaso por eso duran más que los propios hechos que pretendían ilustrar ...

El Vampiro en el Arte
Con una prosa ensayística y evocadora, El vampiro en el arte explora cómo cada época ha proyectado en el vampiro sus obsesiones más íntimas: el cuerpo, la sexualidad, la enfermedad, el lujo, la decadencia, el doble, el deseo de inmortalidad y la inquietud ante lo que regresa. Más que estudiar un monstruo, este libro sigue el rastro de una presencia. Y al hacerlo, revela que toda imagen vampírica es también una confesión disfrazada de la cultura que la produce.

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