Edgar Allan Poe 
Berenice (1835)

No recuerdo en qué momento exacto comenzó la fijación, pero sí que no fue de golpe. Las verdaderas obsesiones —como las enfermedades que más duran y más destruyen— nunca empiezan con estrépito, sino con una incomodidad vaga, con una molestia menor que se instala y se repite, que se asienta sin ruido, como quien se sienta al borde de una cama ajena esperando que alguien le preste atención. Así fue con Berenice, o mejor dicho, con una parte de ella. Porque uno puede enamorarse de una mujer entera, o puede enamorarse de un fragmento, de un detalle que se impone hasta eclipsarlo todo, hasta devorarlo todo.

En mi caso fueron los dientes. Los suyos. No la sonrisa, que es un gesto, ni la boca, que es volumen y expresión, sino los dientes, que apenas deberían tener protagonismo y sin embargo acabaron ocupando mi mente como un huésped inaceptable al que no se sabe —o no se quiere— expulsar. Brillaban. Estaban perfectos, como si no pertenecieran del todo a un ser humano, y eso era precisamente lo que me perturbaba: que fueran, por así decirlo, demasiado.

Poe no escribe de vampiros aquí, al menos no en sentido literal. Pero el relato entero es un acto de vampirismo mental, de erosión progresiva del alma por una idea fija. Berenice, la mujer, enferma y se transforma, degenera ante los ojos del narrador, y sin embargo esa degradación física no hace más que intensificar la obsesión. Cuando todo en ella se marchita, lo único que permanece intacto son sus dientes. Y eso, que debería ser un consuelo, se convierte en castigo. El deseo por lo que no cambia, por lo que sobrevive a la putrefacción, es el verdadero monstruo de este cuento.

El narrador, encerrado en su mundo de pensamiento compulsivo, termina por actuar sin saberlo. Y eso es lo más escalofriante: que haya actos que sucedan sin haber sido decididos, que uno pueda llevar a cabo una atrocidad sin ser del todo consciente, como si el cuerpo obedeciera a una voluntad paralela, ajena, nacida de tanto pensar en lo mismo. Y cuando despierta, cuando vuelve a sí, lo único que tiene son unos dientes, blanquísimos, limpios, robados del cuerpo de quien una vez fue Berenice.

Berenice no es un cuento sobre el horror físico, sino sobre la lógica del pensamiento desbocado. El vampiro aquí no es ella, aunque haya muerto, aunque haya vuelto —quizás— desde la tumba. El vampiro es él, el que no supo detener su deseo, el que se alimentó de la muerte porque la vida le resultaba demasiado confusa, demasiado ambigua.

Y en ese gesto último, en ese acto sin conciencia, Poe nos muestra que no somos del todo dueños de lo que pensamos, ni de lo que hacemos, y que muchas veces, en lo más terrible, nos descubrimos más verdaderamente que en nuestras virtudes. Que hay pensamientos que son más peligrosos que los actos, porque una vez instalados, ya no nos abandonan. Como esos dientes, que siguen brillando aun cuando todo lo demás se ha podrido.

Vampiros en el Arte

Henry Fuseli 
The Nightmare 

Fuseli pintó esta escena como si hubiera visto en la imaginación lo que aún no se decía en voz alta: que el miedo no venía sólo de fuera, sino de dentro ...

William-Adolphe Bouguereau  
Dante y Virgilio

El cuadro representa a los condenados que Dante encuentra en el octavo círculo del Infierno, los falsificadores de alma, si seguimos la clasificación exacta. 

R. de Moraine 
Le Vampire 

Hay escenas que no representan un hecho, sino una forma de pensar el miedo, y acaso por eso duran más que los propios hechos que pretendían ilustrar ...

El Vampiro en el Arte
Con una prosa ensayística y evocadora, El vampiro en el arte explora cómo cada época ha proyectado en el vampiro sus obsesiones más íntimas: el cuerpo, la sexualidad, la enfermedad, el lujo, la decadencia, el doble, el deseo de inmortalidad y la inquietud ante lo que regresa. Más que estudiar un monstruo, este libro sigue el rastro de una presencia. Y al hacerlo, revela que toda imagen vampírica es también una confesión disfrazada de la cultura que la produce.

Necesitamos su consentimiento para cargar las traducciones

Utilizamos un servicio de terceros para traducir el contenido del sitio web que puede recopilar datos sobre su actividad. Por favor revise los detalles en la política de privacidad y acepte el servicio para ver las traducciones.