E. Sidney Hartland
The Science of Fairy Tales (1891)
Es innecesario creer en hadas para tomar en serio los cuentos. E. Sidney Hartland lo entendía perfectamente, y por eso dedicó su obra no a los encantamientos ni a los finales felices, sino a desmenuzar los motivos, las repeticiones, las estructuras internas de esas narraciones que generaciones enteras se contaron al calor de la lumbre, cuando lo más temido estaba todavía a unas palabras de distancia. En The Science of Fairy Tales, Hartland no busca encanto, sino patrón; no magia, sino sistema. Pero, al hacerlo, tropieza con algo que ningún sistema consigue desactivar del todo: el miedo a la muerte incompleta, a la vida prolongada más allá de lo natural, al retorno no pedido.
El libro examina, entre otras muchas cosas, la figura de los que regresan. No como fantasmas puros, ni como resurrecciones triunfales, sino como seres a medio camino, como cuerpos sin paz. Casi siempre aparecen en forma de madres que vuelven a proteger al hijo, de esposas que no terminan de abandonar el lecho conyugal, de figuras cuya presencia no resulta aterradora, pero sí perturbadora. Sin embargo, lo que Hartland anota con pulcritud filológica —la reiteración de la visita nocturna, el contacto físico con los vivos, el agotamiento que sufren quienes han sido tocados por el que vuelve— coincide sospechosamente con los síntomas tradicionales del vampirismo. No el del conde ni el del monstruo, sino el más arcaico, el más rural: el que deja pálido, el que roba fuerza, el que exige su lugar en la cama, en la casa, en el cuerpo del otro.
Lo curioso es que Hartland no parece advertirlo del todo. O tal vez lo hace, pero prefiere mantenerse en la neutralidad del recopilador, en esa prudencia británica que permite señalar sin interpretar. Así, lo que entrega es un catálogo de situaciones que, leídas con otros ojos —los del siglo XX o los del lector inquieto—, revelan la persistencia de una figura no formulada pero reconocible: la del no-muerto íntimo, familiar, afectivo, que no ataca con violencia, sino con necesidad. El vampiro como vínculo no resuelto.
Y así, sin proponérselo, The Science of Fairy Tales se convierte en una vía lateral para comprender cómo ciertas formas del miedo se filtran en las narraciones más inocentes. Que el ogro devore, que la bruja engañe, que el lobo finja ser la abuela: todo eso es esperado. Pero que el muerto vuelva y abrace, vuelva y susurre, vuelva y exija… eso, eso es otra cosa. Y Hartland lo deja ahí, sin resolver, como todo lo que importa de verdad.
Vampiros en el Arte
Henry Fuseli
The Nightmare
Fuseli pintó esta escena como si hubiera visto en la imaginación lo que aún no se decía en voz alta: que el miedo no venía sólo de fuera, sino de dentro ...
William-Adolphe Bouguereau
Dante y Virgilio
El cuadro representa a los condenados que Dante encuentra en el octavo círculo del Infierno, los falsificadores de alma, si seguimos la clasificación exacta.
R. de Moraine
Le Vampire
Hay escenas que no representan un hecho, sino una forma de pensar el miedo, y acaso por eso duran más que los propios hechos que pretendían ilustrar ...
Con una prosa ensayística y evocadora, El vampiro en el arte explora cómo cada época ha proyectado en el vampiro sus obsesiones más íntimas: el cuerpo, la sexualidad, la enfermedad, el lujo, la decadencia, el doble, el deseo de inmortalidad y la inquietud ante lo que regresa. Más que estudiar un monstruo, este libro sigue el rastro de una presencia. Y al hacerlo, revela que toda imagen vampírica es también una confesión disfrazada de la cultura que la produce.




