Documento de la Real Sociedad Prusiana de Ciencias (11 de marzo de 1732)
Lo que la razón se empeña en describir con precisión es, en última instancia, un territorio sin mapas. Es fácil hablar de lo que puede ser visto y comprendido, pero cuando se trata de lo que persiste fuera de la comprensión, incluso la ciencia más rigurosa encuentra grietas. La razón puede ser un faro, pero su luz no llega a todos los rincones de la oscuridad. Los vampiros, como el espacio mismo que habitan, escapan constantemente a su alcance.
En 1732, la Real Sociedad Prusiana de Ciencias se vio obligada a intervenir públicamente ante el creciente fenómeno de los vampiros, cuyos informes llenaban las páginas de periódicos y crónicas europeas. Este documento, fechado el 11 de marzo de 1732, fue un intento de la sociedad científica por reducir a la razón lo que ya había trascendido los límites de la lógica ordinaria. La Realeza Prusiana, como era costumbre en una época marcada por la Ilustración, no solo pensaba que el fenómeno debía ser explicado, sino que sentía la necesidad de ofrecer una respuesta oficial que calmara los temores populares y reorientara el debate hacia la ciencia.
Este documento se erige no solo como una declaración formal sobre la racionalidad frente a lo inexplicable, sino también como un acto de control intelectual. Al tratar de eliminar el miedo irracional ante lo sobrenatural, los académicos y científicos de la sociedad recurren a su autoridad para imponer una interpretación que contradice la superstición popular, pero que, al mismo tiempo, no puede evitar dejar abierta una rendija de duda.
El texto no niega por completo la existencia de lo extraño; más bien, adopta un enfoque casi pragmático, sugiriendo que los casos de vampirismo debían ser observados con cautela, pero también con el rigor que la ciencia debía exigir a cualquier fenómeno extraño. ¿Podría ser que los muertos realmente regresaran a la vida, como se afirmaba? La respuesta, dada por la sociedad científica, era que los informes debían ser considerados con escepticismo, ya que la imaginación colectiva y el miedo podían transformar incidentes triviales en creencias peligrosas. Lo que la ciencia exigía era una aproximación más meticulosa, menos susceptible a las influencias del terror popular.
Sin embargo, al abordar el tema de los vampiros de este modo, la Real Sociedad Prusiana de Ciencias no hace más que reflejar la debilidad inherente a la razón. Al intentar racionalizar lo que no puede ser completamente entendido, el documento no resuelve el misterio; más bien, lo intensifica, revelando la incapacidad de la razón para cerrar la puerta del misterio. No importa cuántos informes o testimonios científicos se aporten; la persistencia del fenómeno en las mentes y corazones de los pueblos sigue por encima de la ciencia.
A través de este documento, la ciencia se coloca en una posición de autoridad, pero al mismo tiempo deja entrever que el control de lo inexplicable nunca será total. Lo que se evidencia es que la duda persiste, que por más que se intente dominar la naturaleza a través de las palabras y la observación, lo que escapa a los sentidos siempre será una presencia incontrolable. Como en las páginas de cualquier informe o tratado, la verdad nunca es definitiva; más bien, está marcada por lo que se puede mostrar y lo que, por más que se intente, siempre se queda fuera de lo dicho.
Este documento, entonces, no es solo una respuesta oficial frente al fenómeno vampírico, sino una confesión sutil de la fragilidad de la razón. La ciencia puede ordenar, catalogar y analizar, pero no puede negar que lo que se resiste a ser comprendido persiste, y de alguna manera, el misterio, al no ser completamente resuelto, mantiene su poder sobre nosotros.
Vampiros en el Arte
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The Nightmare
Fuseli pintó esta escena como si hubiera visto en la imaginación lo que aún no se decía en voz alta: que el miedo no venía sólo de fuera, sino de dentro ...
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R. de Moraine
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Con una prosa ensayística y evocadora, El vampiro en el arte explora cómo cada época ha proyectado en el vampiro sus obsesiones más íntimas: el cuerpo, la sexualidad, la enfermedad, el lujo, la decadencia, el doble, el deseo de inmortalidad y la inquietud ante lo que regresa. Más que estudiar un monstruo, este libro sigue el rastro de una presencia. Y al hacerlo, revela que toda imagen vampírica es también una confesión disfrazada de la cultura que la produce.




