De mito a imagen. El vampiro en el cine

Todo mito, si quiere perdurar, necesita transformarse. Abandonar la forma que lo hizo reconocible, traicionarse un poco, buscar otro cuerpo para seguir respirando. El vampiro, que nació como figura narrativa, como rumor o como maldición susurrada, encontró en la imagen —en la pantalla— una forma nueva de permanecer. No para explicarse, sino para hacerse visible, para moverse, para encarnar en otros rostros lo que nunca tuvo uno propio.

Porque el cine no inventó al vampiro. Pero lo detuvo. Lo fijó. Lo dotó de cuerpo, de voz, de ritmo. Le dio ojos con los que mirar al espectador. Le dio presencia. Y con ello también le impuso un marco: lo estilizó, lo encuadró, lo repitió, hasta que supimos reconocerlo antes de que apareciera, hasta que dejó de dar miedo y empezó a formar parte del imaginario.

Pero también lo liberó. Porque en cada nueva versión —en cada encuadre, cada textura, cada rostro y cada sombra— algo del mito se actualizó sin perder del todo su origen. La cámara convirtió al vampiro en símbolo mutable, en espejo de época, en metáfora proyectada sobre la carne. La televisión, más tarde, lo convirtió en ritual doméstico, en presencia íntima, en costumbre nocturna. Y así, lo que antes era interrupción se volvió rutina; lo que era horror, seducción; lo que era muerte, consumo.

Esta parte del libro no busca una historia del cine ni una cronología. No es un catálogo ni una galería. Es más bien una mirada sobre cómo el vampiro se ha dejado filmar, y sobre lo que ha perdido o ganado en ese proceso. Cómo ha mutado con la luz artificial, cómo se ha adaptado al movimiento, al color, a los nuevos miedos. Cómo ha aprendido a hablar otros idiomas sin dejar de decir lo mismo.

Y quizá también cómo nos hemos dejado filmar por él. Porque hay mitos que no se contentan con existir en la pantalla. Quieren mirarnos. Quieren quedarse. Quieren seguir viviendo en nosotros, aunque no estemos dispuestos a admitirlo.

Y cuando apagamos la televisión o salimos del cine, tal vez no lo recordamos del todo. Pero algo se ha desplazado. Algo ha entrado con nosotros en la casa.

Vampiros en el Arte

Henry Fuseli 
The Nightmare 

Fuseli pintó esta escena como si hubiera visto en la imaginación lo que aún no se decía en voz alta: que el miedo no venía sólo de fuera, sino de dentro ...

William-Adolphe Bouguereau  
Dante y Virgilio

El cuadro representa a los condenados que Dante encuentra en el octavo círculo del Infierno, los falsificadores de alma, si seguimos la clasificación exacta. 

R. de Moraine 
Le Vampire 

Hay escenas que no representan un hecho, sino una forma de pensar el miedo, y acaso por eso duran más que los propios hechos que pretendían ilustrar ...

El Vampiro en el Arte
Con una prosa ensayística y evocadora, El vampiro en el arte explora cómo cada época ha proyectado en el vampiro sus obsesiones más íntimas: el cuerpo, la sexualidad, la enfermedad, el lujo, la decadencia, el doble, el deseo de inmortalidad y la inquietud ante lo que regresa. Más que estudiar un monstruo, este libro sigue el rastro de una presencia. Y al hacerlo, revela que toda imagen vampírica es también una confesión disfrazada de la cultura que la produce.

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