Bohuslav Balbín
Miscellanea historica regni Bohemiae (1682).
Bohuslav Balbín, jesuita, historiador, fervoroso defensor de la lengua y la identidad checa, dedicó su vida y su prosa a salvar lo que, en su tiempo, ya comenzaba a olvidarse. Su Miscellanea historica regni Bohemiae no es una historia sistemática, ni una crónica de hechos nobles únicamente, sino un verdadero gabinete de curiosidades nacionales, donde lo erudito convive sin escándalo con lo legendario, y donde los santos, las reliquias, los héroes y las apariciones comparten espacio como si todos pertenecieran a un mismo plano de realidad, aunque no lo dijera en voz alta.
Entre tantos fragmentos y pasajes dedicados a la tierra bohemia, a sus montañas y milagros, a sus monasterios y mártires, aparecen, casi como por descuido, relatos de muertos que regresan. No como visiones etéreas, ni como fábulas para distraer a los seminaristas, sino como presencias reales, en ocasiones documentadas, otras recogidas de la tradición oral, pero siempre tratadas con una gravedad serena, como si desmentirlas fuese más imprudente que aceptarlas con resignación.
Balbín, como tantos hombres de fe instruida, no parece escandalizarse ante lo sobrenatural, y mucho menos ante lo que no encaja en los moldes teológicos. Al contrario, lo acoge como parte del tejido invisible de la nación. Si los muertos volvían —si caminaban entre los vivos, si enfermaban al ganado o secaban el aliento de las mujeres— era porque algo no se había resuelto en su partida, porque la tierra, o el alma, o la comunidad, había fallado en despedirlos.
No habla de vampiros —porque todavía no se hablaba de ellos en ese idioma exacto—, pero ya está ahí el germen del cadáver impaciente, del cuerpo en deuda, de la tumba que no clausura. Y lo anota sin adornos, sin condena ni ironía. Como quien sabe que la historia de un pueblo no está hecha solo de reyes y batallas, sino también de terrores compartidos, de fantasmas sin nombre y de silencios prolongados.
Balbín, sin pretenderlo, documentó el alma oculta de Bohemia. Y con ello, como si nada, colaboró en la lenta construcción del vampiro europeo, ese que aún no sabía que lo era, pero que ya se arrastraba bajo los pies de los cronistas.
Vampiros en el Arte
Henry Fuseli
The Nightmare
Fuseli pintó esta escena como si hubiera visto en la imaginación lo que aún no se decía en voz alta: que el miedo no venía sólo de fuera, sino de dentro ...
William-Adolphe Bouguereau
Dante y Virgilio
El cuadro representa a los condenados que Dante encuentra en el octavo círculo del Infierno, los falsificadores de alma, si seguimos la clasificación exacta.
R. de Moraine
Le Vampire
Hay escenas que no representan un hecho, sino una forma de pensar el miedo, y acaso por eso duran más que los propios hechos que pretendían ilustrar ...
Con una prosa ensayística y evocadora, El vampiro en el arte explora cómo cada época ha proyectado en el vampiro sus obsesiones más íntimas: el cuerpo, la sexualidad, la enfermedad, el lujo, la decadencia, el doble, el deseo de inmortalidad y la inquietud ante lo que regresa. Más que estudiar un monstruo, este libro sigue el rastro de una presencia. Y al hacerlo, revela que toda imagen vampírica es también una confesión disfrazada de la cultura que la produce.




