Benito Jerónimo Feijoo
Cartas eruditas y curiosas (1742), carta XX
Es curioso cómo la razón, en su afán por expandir sus fronteras, termina siendo arrastrada, muchas veces sin quererlo, por los mismos miedos que pretendía erradicar. En su Carta XX de las Cartas eruditas y curiosas (1742), Benito Jerónimo Feijoo se enfrenta al vampirismo como una manifestación de la irracionalidad popular, algo que desafía las enseñanzas de la Ilustración, y lo hace con la seguridad de que la razón puede explicarlo todo. Sin embargo, en su empeño por eliminar la superstición, Feijoo no puede evitar dar voz a una cuestión central: ¿es la razón realmente suficiente para erradicar lo irracional?
Feijoo, monje y filósofo español, se presenta como uno de los grandes defensores de la razón ante las creencias populares que en su tiempo persistían con fuerza. En su carta, el vampiro es el ejemplo perfecto de lo que la mente humana sigue produciendo sin el conocimiento adecuado: seres sobrenaturales que desafían las leyes de la naturaleza. Para Feijoo, los relatos sobre los muertos que regresan para alimentarse de los vivos no son más que productos de la ignorancia, y, por tanto, deben ser desmontados con lógica.
Sin embargo, al tratar el tema con tal vehemencia, Feijoo revela algo que no puede controlar: la persistencia de la superstición, que por mucho que la Ilustración intente aplastar, siempre parece estar al acecho, lista para resurgir. El vampiro, para Feijoo, es el símbolo de todo lo irracional, una figura que personifica los miedos ancestrales del ser humano ante lo que no entiende. Es una creación de la mente primitiva, como otras figuras de lo sobrenatural, y por ello merece ser despojada de su poder simbólico.
Lo que resulta más interesante en la crítica de Feijoo es la visión que tiene del ser humano: un ser racional por naturaleza, pero que sucumbe, por momentos, al desbordamiento de sus propios miedos. Feijoo se erige como el abogado de la razón en un mundo en el que la superstición no solo persiste, sino que se disfraza de lo inexplicable, convirtiendo el miedo en un sustrato tangible. El vampiro no es solo un animal de leyenda, es el resultado de una mente que, sin los frenos de la razón, construye un mundo de sombras y espectros donde lo imposible se convierte en una realidad palpable.
La carta XX, en su intento de razonamiento científico, no evita hacernos reflexionar sobre una cuestión más profunda: ¿realmente la razón puede contener todos los misterios del mundo? Feijoo, al exponer los relatos de vampirismo como supersticiones sin fundamento, no parece querer aceptar que al mismo tiempo que la razón ilumina, también hay algo que escapa a su luz. A través de su crítica, Feijoo reafirma una contradicción inherente a la Ilustración: por mucho que intentemos eliminar lo inexplicable, este persiste en las grietas de la lógica humana, en los márgenes del conocimiento.
A medida que Feijoo se sumerge en la tarea de desmantelar el mito del vampiro, nos deja entrever que la superstición, aunque derrotada por la razón, nunca desaparece por completo. Es como si, al intentar destruirla, lo que hace es darle más fuerza, reconociendo que la mente humana nunca se liberta por completo de lo que no entiende. Es en este espacio, entre la razón y el misterio, donde el vampiro sigue acechando: no como una realidad física, sino como una metáfora de lo que se resiste a ser comprendido.
Feijoo, al mismo tiempo que nos anima a desprendernos de las sombras de lo irracional, nos deja una enseñanza fundamental: por mucho que avancemos en la iluminación de la razón, siempre habrá algo en las tinieblas que se nos escape, algo que nunca podremos controlar del todo. El vampiro, entonces, no es solo un ser de la oscuridad, sino también una presencia que persiste en los recovecos de nuestra mente, desafiando nuestra capacidad para dominar lo desconocido.
Vampiros en el Arte
Henry Fuseli
The Nightmare
Fuseli pintó esta escena como si hubiera visto en la imaginación lo que aún no se decía en voz alta: que el miedo no venía sólo de fuera, sino de dentro ...
William-Adolphe Bouguereau
Dante y Virgilio
El cuadro representa a los condenados que Dante encuentra en el octavo círculo del Infierno, los falsificadores de alma, si seguimos la clasificación exacta.
R. de Moraine
Le Vampire
Hay escenas que no representan un hecho, sino una forma de pensar el miedo, y acaso por eso duran más que los propios hechos que pretendían ilustrar ...
Con una prosa ensayística y evocadora, El vampiro en el arte explora cómo cada época ha proyectado en el vampiro sus obsesiones más íntimas: el cuerpo, la sexualidad, la enfermedad, el lujo, la decadencia, el doble, el deseo de inmortalidad y la inquietud ante lo que regresa. Más que estudiar un monstruo, este libro sigue el rastro de una presencia. Y al hacerlo, revela que toda imagen vampírica es también una confesión disfrazada de la cultura que la produce.




