Ambrogio Alciati 
El Beso (c. 1900)

No hay grito ni sombra en El Beso. No hay colmillos ni noche cerrada. Sólo un hombre y una mujer fundidos en un gesto que, en apariencia, pertenece a lo cotidiano, a lo amoroso, a lo humano. Pero quien mira con atención —quien observa no sólo lo que se muestra, sino lo que se retiene— advierte pronto que algo en esa escena no termina de encajar. Que ese beso no calma, sino que consume. Que ese cuerpo que se inclina sobre el otro no busca consuelo, sino dominio.

La mujer, pálida, etérea, se arquea sobre el hombre como si no fuera ya del todo carne, como si la gravedad no la afectase. Él, por el contrario, está vencido. La cabeza hacia atrás, el rostro ausente, las manos caídas. No hay lucha ni respuesta. No hay reciprocidad. Sólo entrega. Una entrega que no parece elegida, sino rendida. Como si en ese contacto hubiera algo irreversible. Como si ese beso, en vez de unir, separara.

Alciati, heredero tardío del simbolismo, pintó aquí algo más que un gesto amoroso. Pintó un ritual. Una ceremonia íntima en la que el acto de besar se convierte en un umbral: lo que separa al amante del devorado, al vivo del que está empezando a dejar de serlo. Y no hay violencia explícita porque no la necesita. El horror —si lo hay— es interno, larvado, sugerido por la forma en que los cuerpos se funden sin fusión, por la forma en que uno de ellos ya no está del todo presente.

El Beso no es un retrato del amor. Es un retrato del amor vampírico: aquel que no mata con furia, sino con dulzura. Aquel que no devora a gritos, sino en silencio. Aquel que no deja huellas visibles, pero que nunca se borra.

Vampiros en el Arte

Henry Fuseli 
The Nightmare 

Fuseli pintó esta escena como si hubiera visto en la imaginación lo que aún no se decía en voz alta: que el miedo no venía sólo de fuera, sino de dentro ...

William-Adolphe Bouguereau  
Dante y Virgilio

El cuadro representa a los condenados que Dante encuentra en el octavo círculo del Infierno, los falsificadores de alma, si seguimos la clasificación exacta. 

R. de Moraine 
Le Vampire 

Hay escenas que no representan un hecho, sino una forma de pensar el miedo, y acaso por eso duran más que los propios hechos que pretendían ilustrar ...

El Vampiro en el Arte
Con una prosa ensayística y evocadora, El vampiro en el arte explora cómo cada época ha proyectado en el vampiro sus obsesiones más íntimas: el cuerpo, la sexualidad, la enfermedad, el lujo, la decadencia, el doble, el deseo de inmortalidad y la inquietud ante lo que regresa. Más que estudiar un monstruo, este libro sigue el rastro de una presencia. Y al hacerlo, revela que toda imagen vampírica es también una confesión disfrazada de la cultura que la produce.

Necesitamos su consentimiento para cargar las traducciones

Utilizamos un servicio de terceros para traducir el contenido del sitio web que puede recopilar datos sobre su actividad. Por favor revise los detalles en la política de privacidad y acepte el servicio para ver las traducciones.